¿EL ROSCOGRAMA? La verdad sobre el desempleo en Colombia

¿EL ROSCOGRAMA? 

 

En la actualidad, la situación laboral en Colombia parece más propia de un relato irónico que de la realidad. Con un alarmante 10% de la población desempleada, la cifra supera los cinco millones de colombianos en búsqueda activa de empleo. Este desafío no solo afecta a aquellos que buscan oportunidades laborales en sus campos de capacitación, sino también, a quienes se ven forzados a aceptar cualquier oferta disponible, incrementando así el número de desempleados. Muchos se aventuran en el rebusque o se suman a subirse a vender u ofrecer cualquier servicio en el transporte público, convirtiéndose en trabajadores que no contribuyen a los sistemas de salud, pensiones o a las Administradoras de Riesgos Laborales (ARL). En este contexto, apenas hemos dejado atrás unas elecciones en las que algunos celebraron victorias mientras otros enfrentaron derrotas. Las alcaldías y gobernaciones ahora se convierten en escenarios donde las hojas de vida se mueven como fichas en un tablero, y los perdedores exploran vías legales para mantenerse presentes en estas nuevas administraciones departamentales y locales.

Mientras que la expresión «Lo malo de las roscas es no estar en ellas» resuena no solo en las bulliciosas calles, sino también en los pasillos silenciosos de las oficinas. En este peculiar universo laboral, la clave no radica en la posesión de títulos académicos o en un vasto conocimiento, sino en algo más intangible: la famosa «palanca política» o el conocido. Aunque muchos aún albergan la fe en la meritocracia, con el tiempo esta creencia se ha desdibujado, adquiriendo una naturaleza abstracta y difusa. ¿La razón? Porque en este juego laboral, el acceso al empleo a menudo se simplifica a una ecuación directa: quien posee los contactos adecuados asegura el trabajo. En su aparente simplicidad, esta dinámica desafía la creencia en la justa recompensa basada en el mérito, revelando una realidad donde la influencia social supera, en ocasiones, a la habilidad y el esfuerzo individual.

Esta desalentadora realidad ha llevado a que muchos tomen la decisión de abandonar su tierra natal. La combinación de escasas oportunidades laborales y una calidad de vida limitada impulsa a miles a buscar una nueva oportunidad, incluso si eso significa arriesgar el bienestar de sus propios hijos. El país del norte se erige como la puerta que se entreabre a nuevas posibilidades; trabajos que nunca considerarían en Colombia se convierten en tentadoras oportunidades gracias a la perspectiva de obtener unos cuantos dólares más. Así, actividades como lavar platos, recoger basura, asear oficinas, e incluso ejercer como taxista o conductor de Uber, adquieren el estatus de lucrativas opciones laborales. Es por esto que, México emerge como la autopista que conduce a través del Hueco, facilitando el acceso a aquellos sueños por los que luchamos fervientemente. Este viaje, se convierte en la senda hacia un futuro mejor, donde las promesas de una vida más próspera y gratificante parecen esperar al otro lado del camino.

El Roscograma en Colombia, paradójicamente, parece haber alcanzado su victoria en la medida en que se perpetúa la arraigada tradición de favorecer a amigos, contactos privilegiados y aquellos familiarizados con los directores. Esta práctica no hace más que enviar un mensaje equívoco a las nuevas generaciones, sumando un desafío adicional a la ya existente resistencia hacia la educación y la inclinación de soluciones rápidas y sin esfuerzo. El Roscograma, en su implementación, parece diseñado para asegurar que los mismos actores sigan ocupando los mismos roles, perpetuando así un poder que se ejerce como si fueran fantasmas que se resisten a desvanecerse en el tiempo.

 

 

James Nuñez Dueñas
Investigador
aletheiainvestigaciones@gmail.com
twiter: @jnd0072000

 

 

 

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